Acceso a la tecnología y su uso responsable Por: Blanca F. Góngora

El trabajo escolar enfrenta una situación tan particularmente histórica que existe desde ya un “antes” y estamos transitando poco a poco a un “después” de la pandemia. El “antes” ya no volverá del todo pues esta transición no nos dejará dar marcha atrás porque de entre lo “perdido” resultarán (aunque no lo parezca) muchos avances, uno de ellos será aceptar la inamovible presencia de la tecnología que llegó (ahora sí) para quedarse, no para suplantar al docente, eso jamás, pero sí para ser una herramienta fundamental en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Si bien es cierto no todos tienen acceso a ella, pero por los que sí pueden acceder a la misma, la enseñanza tendrá que ser anfibia para que puedan sacar provecho de ella tanto los que tienen como los que no, porque negarles su uso y ventajas de la tecnología a los que sí tienen acceso es también una forma de discriminación , no importando que sean minorías porque las minorías (ya sea de los que tienen o de los que no tienen) también deben tener sus derechos garantizados; así que el reto aquí y la solución por lograr más equidad educativa será del Estado, generando políticas públicas para que el acceso a la tecnología sea universal en todas las escuelas porque la tecnología aplicada a la educación es tan elemental como muchos años lo fue un simple pizarrón.

El Estado deberá garantizar que las escuelas tengan, por ejemplo, acceso a servicios gratuitos de internet de gran alcance así como proveer de dispositivos a todas las escuelas para ser usados por los estudiantes, no una tableta o computadora portátil para cada estudiante como se repartieron en el sexenio pasado, mismas que por cierto no alcanzaron para todos y presentaron además grandes deficiencias significando un gran costo que se esfumó de las escuelas; en este sentido es mejor invertir plenamente en las escuelas, que sean propiedad de ellas y que el gobierno se encargue plenamente de todo su mantenimiento, actualización, cambio de equipos, etc. para que queden ahí para ser utilizados por varias generaciones. Además de lo anterior tendremos que flexibilizarnos en las posturas tan fijas que teníamos antes de la pandemia, tenemos que enseñar a los estudiantes a usar los dispositivos (propios o de la escuela) de manera responsable, como insistía Theodor Adorno respecto a la televisión cuando decía que habría que enseñar a ver televisión a los espectadores. Tendremos que enseñarlos a ser críticos respecto a la información a que tienen acceso, a evitar la procrastinación, a usar apropiadamente el tiempo, a leer utilizando diversas estrategias, a detectar los sitios de información perniciosa; es decir, más que prohibir el uso (como se venía haciendo en las escuelas) del teléfono celular, es enseñar a usarlo de la manera más positiva, sacando todas las ventajas que este contiene, porque si algo está siendo usado en exceso en esta pandemia son los celulares y otras pantallas, con la demostrable realidad de que por ahora el mal uso que se les pueda dar está recayendo en la responsabilidad de los padres de familia, ellos son los únicos depositarios de cuánto y qué ven, qué leen, qué hacen o qué no hacen sus hijos frente a las pantallas, por lo que bueno sería empezaran a ayudar a los docentes en la concientización para el mejor uso de los mismos y así ir juntos construyendo una cultura tecnológica bien orientada.