consentimiento, las relaciones saludables y el impacto de las redes sociales y la pornografía. Por: Blanca F. Góngora

Por: Blanca F. Góngora

Hace aproximadamente dos semanas fue muy conocido el caso de la mujer transgénero herida gravemente a machetazos, noticia que me impactó mucho pues nunca existirán razones que validen estas actitudes y me impactó más porque ella fue mi alumno cuando fue estudiante de secundaria y entonces el cariño en este caso tiene raíces que duelen más. Me pregunté muchas cosas, hice una retrospectiva y solo pude confirmar lo que ya sabemos: que la educación es la real alternativa para romper esas conductas de odio, esa intolerancia, esa exclusión, esa ignorancia, esa soberbia de mirar a los otros tomándose a uno mismo como referencia de lo impoluto, creyendo que lo que no es como yo digo, como yo pienso, como yo quiero que sea es siempre “menos” que yo. La educación es la clave sí, y a ella debemos apostar como gobierno, como sociedad, como individuos si es que en verdad queremos una sociedad más incluyente y respetuosa de la diversidad en todos los sentidos.

En relación a esto, leí la propuesta que después de la última revisión a sus pautas anteriores está haciendo el Ministerio de Educación en Nueva Zelanda, en la cual se concluye que si bien la biología y la pubertad estaban bien cubiertas (en cuestiones de curriculum); la enseñanza del consentimiento, las relaciones saludables y el impacto de las redes sociales y la pornografía debían cubrirse con más detalle dentro de las escuelas ya que de no ser así los estudiantes se encuentran con “información” en otras fuentes (como internet) sin que éstas tenga sustento confiable, lo que como ya sabemos conduce a más desinformación y a tomar decisiones más riesgosas para el bienestar integral de nuestros niños y jóvenes; por eso Nueva Zelanda ha decidido enfocarse en cómo desarrollar en sus estudiantes relaciones saludables (en ambos contextos offline y online); en cómo desarrollar estrategias para lidiar con contenido sexualizado (incluido material sexualmente explícito y pornografía) y en cómo desarrollar estrategias para lidiar con el acoso en línea.

Con esta revisión que han hecho han generado nuevas directrices para ser tomadas en cuenta en las escuelas, donde se enfocarán en todos los aspectos anteriormente mencionados, así como en la inclusión de género, en la orientación sobre sexualidad y en la orientación sobre cómo lograr que las escuelas sean más inclusivas.

Algunos ejemplos de estrategias que se proponen a las escuelas es el registrar y hacer seguimiento de todo incidente de acoso, incluido lo relacionado con insultos sexistas, insultos transfóbicos u homofóbicos para generar respuestas apropiadas a este tipo de conductas; evitar separar las actividades en grupos basados en “niños” y “niñas; procurar que las escuelas tengan también la opción de baños unisex y no solo baños para “hombres” y baños para “mujeres”; procurar que todas las escuela brinden la opción de uniformes neutrales al género, como ya muchas lo hacen; cuidar siempre que el equipo de materiales a utilizar (por ejemplo en deportes, en áreas de juego, etc.) no esté restringido por la identificación de género, entre muchas otras estrategias más, sin dejar de lado la consulta a las familias sobre estas temáticas y las formas de abordarlas.

Son temas de largo aliento y hondas profundidades que no pueden tratarse a lo ligero pero que urge que se aborden y si no es en las casas, en las escuelas no deben faltar porque solo así lograremos niños y jóvenes más seguros, mejor informados, mejor orientados, más asertivos y con menos temas tabú oscureciéndoles su ser, quienes a su vez y en un futuro próximo se convertirán en adultos más plenos y menos arbitrarios en sus juicios y en su proceder hacia los otros.