Estación Esperanza: La tortura, ni arte ni cultura

No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie. Y así como éste no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso de transmisión a través del cual los unos lo heredan de los otros. Por eso el materialista histórico se aparta de ella en la medida de lo posible. Mira como tarea suya la de cepillar la historia a contrapelo.” VII Tesis sobre la historia de Walter Benjamin.

 El maltrato animal es tanto un síntoma como un potenciador de la violencia social. Ignorar las necesidades de los animales hace más fácil ignorar las necesidades de otras personas, y nos limita el poder generar empatía con los otros y a ver más allá de nosotros. Decía Gandhi que “La grandeza de una nación y su progreso moral, pueden ser juzgados por la manera de tratar a sus animales”. Es verdad que el respeto por el bienestar de otros seres vivos es una muestra de los valores que guardamos como sociedad. Por eso estamos en contra del maltrato animal y de la normalización de la violencia. Por eso eso apostamos por una cultura de paz y de la no violencia en todos sus ámbitos, porque creemos firmemente en que la afirmación de la vida de todas las especies que habitamos en el planeta Tierra es el contenido de todos los actos humanos y el fin último de la existencia humana. Un sistema que produce muerte (y más aún como espectáculo) es injusto y debe éticamente ser cambiado por otro diferente y más equitativo.

 El toro destinado a la lidia no es una especie, sino un biotipo que fue seleccionado a través de cruzas de diferentes toros. El sistema nervioso y endócrino de los toros de lidia funciona de la misma manera que en el resto de los vacunos; no son “agresivos por naturaleza” sino que por haber sido durante miles de años presas de depredadores carnívoros, tienen un temperamento más bien nervioso y reactivo para escapar del peligro. Detectan muy bien el movimiento, pero tienen menor capacidad que los humanos para ver objetos situados arriba de ellos y para enfocar la vista en objetos muy cercanos.

Existe suficiente evidencia científica derivada que demuestra que los animales vertebrados con un sistema nervioso central son organismos sintientes, es decir, capaces de sentir dolor y de generar emociones diversas; además de que pueden percibir su entorno y darse cuenta de lo que les ocurre, identificando los sucesos como experiencias positivas o negativas. Estas capacidades también las poseen los toros de todas las razas y tipos, y no se trata de un asunto subjetivo, sino que se deriva de datos medibles científicamente, obtenidos mediante observaciones repetibles y objetivas.

Vivimos un proceso de transformación de la vida pública que privilegia una estrategia de vida por encima de quienes le apostaron a la muerte. Ver a la violencia como entretenimiento conlleva un aumento de actitudes, valores y comportamientos agresivos, particularmente en los niños. La visualización de violencia lleva a una desensibilización emocional en relación a la violencia en la vida real.

Por eso, ya en 2016, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Colima acreditó la violación a derechos humanos relacionados con la integridad personal de niñas, niños y adolescentes que participan y asisten a espectáculos que promueven o difunden violencia de cualquier tipo en nuestro Estado de Colima, particularmente el derecho a vivir en condiciones de bienestar, y a un sano desarrollo integral; así como a una vida libre de violencia, por lo que recomendó la prohibición de que niñas, niños y adolescentes tengan una participación activa y pasiva en eventos y espectáculos en los que se promueva o difunda algún tipo de violencia, como es el caso de las corridas de toros.

Ese mismo año dicha Recomendación General fue turnada al Congreso del Estado para que en coordinación con el Procurador de la Defensa del Menor, el DIF y los Ayuntamientos elaboraran una normatividad acorde con el pleno respeto a los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes, lo que a la fecha no se ha hecho.

La cultura de paz es actitud de convivencia armónica con el prójimo y el entorno, cuando todos los individuos en armonía practican la libertad, la solidaridad, la ayuda recíproca y el respeto mutuo. No es posible tomar como tradición la tortura de otro ser vivo. La matanza de toros no es tradición villalvarense, ni patrimonio de Colima. Las verdaderas tradiciones residen en otras manifestaciones artísticas y no en el maltrato de otro ser vivo.

Históricamente, los festejos charrotaurinos datan del siglo XVIII (1700-1779), cuando se hacían en honor de San Felipe de Jesús, Santo Patrón de Colima. En ellas, se montaba a los toros que prestaban los hacendados. Como lo señala el historiador Agustín Márquez Gileta, existen documentos en el Archivo Municipal de Villa de Álvarez donde se relata cómo los rancheros del Mamey (hoy Minatitlán) prestaban sus toros (a solicitud del Ayuntamiento). Se les recibía a la entrada de la Villa de Colima, por San Francisco de Almoloyan; y se montaban, a las once, algunos toros, por eso “El Toro de 11”. Los toros eran prestados para jinetearlos, no para su sacrificio. No fue hasta mediados del siglo XX, cuando se celebraron las primeras corridas de toros en La Petatera. Por tanto, es mentira cuando se afirma que las corridas formales forman parte de esta tradición.

 Pensar de esta forma no es querer acabar con las tradiciones de la Villa, ni atentar contra el patrimonio cultural de los Villalvarenses, las cabalgatas, La Patetera, su música, El Toro de 11, Los Mojigangos, El Zarzo, los jaripeos. Se puede respetar y preservar las tradiciones sin promover las Corridas de toros, espectáculo prohibido ya varias veces por los Diputados de la 6ª Legislatura encabezados por Ramón R. de la Vega y el Gobernador revolucionario Juan José Ríos el 6 de enero de 1916 y por el decreto No. 26 del Congreso del Estado en 1918. Queremos defender la vida y rescatar su verdadera tradición, como siempre fueron hasta hace poco. Es por ello que hago un posicionamiento enérgico en contra de todo tipo de violencia y de crueldad animal, y en particular en contra del sacrificio y tortura de animales en espectáculos públicos. La tortura no es cultura.