Robo en escuelas y corresponsabilidad social – Blanca F. Góngora

El Covid-19 ha venido a poner sobre la mesa retos, valores, carencias, resentimientos e inequidades que la sociedad experimenta y que ahora bajo la presión de la pandemia han salido a la luz. La sociedad está sacando lo mejor y lo peor de sí, se ha alargado ya tanto esta situación que se empieza a sentir un ambiente social deprimente y decadente, como en esas películas apocalípticas donde el caos es irremediable. Creo que una muestra contundente de esa sensación de caos es la problemática que en México se está dando con el robo en las escuelas. Es de verdad un hecho social doloroso pues la escuela como institución social debe ser intocable al mal, me atrevo a decir que la escuela como institución social es y debe ser un recinto que debe ser tratado con todo el respeto posible, pero hemos sido testigos que esto no está siendo así.

De verdad que es lamentable lo que está pasando en algunas de nuestras escuelas pues lo poco o mucho que cada escuela tiene es siempre un logro de una comunidad y muchas de las veces del sueño y organización de un maestro. Me constan las distintas actividades que los maestros hacen para tener materiales en sus aulas: hacen libreros con rejas de madera, cortinas con retazos de tela, magia con las pistolas de silicón pues parchan, pegan, decoran. Piden apoyo a los políticos para poder comprar algunos libros, reutilizan materiales para decorar sus aulas, forran latas de aluminio, cajas de cartón, tratan de dar forma, orden, color, vivacidad a sus salones y de pronto una mañana como esta pueden encontrarse todo aquello tirado, raído, maltratado porque alguien entró a su escuela buscando algo valioso para poder llevarse y al no encontrarlo se molestó y destruyó todo por su descontento al comprobar que en la escuela lo más valioso no es porque cuesta mucho dinero sino porque se hace con pasión, trabajo y dedicación. Ellos buscan en las escuelas algo que puedan vender y entonces arrancan bombas de agua, aires acondicionados (de las poquísimas que tienen aires acondicionados), se llevan cables de cobre, palas, rompen vidrios, dañan puertas. Ellos como nosotros saben ya que las escuelas en México no están equipadas, han comprobado las grandes carencias: bibliotecas, materiales deportivos, mobiliario cómodo y apropiado, aulas de medios, materiales didácticos, pinceles, tijeras, escritorios, ventiladores, materiales de laboratorio. Lo han comprobado y entonces en vez de ayudar dañan más y nosotros como sociedad nos ponemos a quejarnos del gobierno porque no paga veladores para las escuelas, porque no manda policías para que vayan a custodiarlas, nos quejamos de los directores o de los maestros porque no están yendo con la cotidianidad que lo hacían en tiempos cuando no había Covid, culpamos a todos los posibles culpables, quizá algún ex alumno resentido o algún padre de familia atrapado en vicios, pero pocas veces proponemos o hacemos algo para remediar el mal y creo que esto es un asunto de corresponsabilidad social, pues todos los actores sociales estamos obligados al resguardo y protección de las escuelas, de otra forma, cuando volvamos a ellas, estaremos peor que como estábamos antes de que las ausencias físicas en ellas fueran una constante.

Pese a todo este doloroso panorama, el Covid-19 tendrá que servir para que la sociedad pondere nuevamente la importancia y necesidad social de la escuela, como ya algunos empiezan poco a poco a hacerlo, al comprobar que la escuela sí es necesaria, que la escuela sí es un espacio valioso, que la escuela sí contribuye a la mejora social, que la escuela sí toca fibras profundas, que la escuela sí es un bien común elemental y existe para cuidarla, equiparla, fortalecerla porque es el nido donde todos nuestros pequeños terminan de fortalecer sus alas antes de empezar a volar; por ello, si vemos que está siendo ultrajada organicémonos en la comunidad y encontremos la forma de velar por ella que a fin y al cabo es toda nuestra y es para nuestro presente y futuro bienestar.