Solidaridad que Contagia (alerta) Por: Blanca F. Góngora

Se está concluyendo la tercera semana de clases de este recién iniciado ciclo escolar y ya podemos valorar varias acciones que hemos visto tanto por parte de maestros como por personas de la sociedad en general, es de pronto una solidaridad que contagia, en el buen sentido, pero que también puede ser contagiosa (en términos de Covid-19) si descuidamos las buenas intenciones y sus posibles consecuencias.

Entre las acciones que hemos presenciado están las de “padrinos anónimos” que hacen regalos de saldo depositando a números telefónicos de niños o adolescentes para que puedan tener acceso a Classroom o a Whatsapp, usted puede convertirse en uno si contacta a cualquier maestro o maestra, quien sin duda puede darle un número telefónico de alguno de sus alumnos que se pondrá intensamente feliz cuando reciba un mensaje en su celular “de manera mágica” notificándole que ha recibido una recarga, la cantidad la decide usted y puede ser una vez o varias, según su presupuesto.

Otra modalidad son acciones de colecta como la llevada a cabo por la maestra María Eugenia Rosado Ávila y el maestro Saul Alberto Macías Montes, quienes se dieron la tarea de reunir televisiones y decodificadores de señal analógica y beneficiaron a 11 alumnas y alumnos de las escuelas primarias “Libro de Texto Gratuito” TM y “Carlos Flores Dueñas”, en ambos turnos, quienes ya cuentan con equipos para seguir la programación televisiva de la estrategia a distancia Aprende en Casa II; en este mismo tenor se encuentra la maestra Silvia Concepción Cisneros Preciado, Directora de la escuela “Año de Juárez” de la Nogalera, Comala, quien también está recolectando televisiones y decodificadores para sus alumnos y para los de otras comunidades como La Becerrera o La Caja. Hay gente que regala paquetes de libretas, incluso la misma Secretaría de Educación ha hecho lo propio en algunas comunidades del estado de Colima.

La ayuda no solo es material o en especie, también es grandioso ver en las redes la buena disposición de maestros y maestras que aún con todo el trabajo que están llevando a cabo se anuncian dispuestos a ayudar, algunos incluso comparten materiales o links para que los papás puedan reforzar o esclarecer dudas.

Hay ganas y formas distintas de ayudar, no cabe duda que es verdad lo que dice el refrán respecto a que la necesidad nos agudiza el ingenio. Y tan lo agudiza que no han faltado vecinos que “por ayudar” o por ayudarse cobran una pequeña cuota para que otros niños u adolescentes puedan usar el internet contratado en sus casas o incluso ver la televisión pues, como sabemos, existen familias que no tienen ni internet ni televisión y otras que su trabajo no puede ser realizado desde casa y tienen que seguir yendo a trabajar y tienen por tanto que dejar a los hijos solos, por lo que prefieren dejarlos en casa de la vecina; para ello pagan una pequeña cantidad, ahí ven la tele y en algunos casos hasta servicios de “tiendita” se están implementando en esos servicios en casas particulares, convirtiéndose esto en una acción potencialmente peligrosa porque puede tornarse, de un rato a otro, en centro de contagio.

Lo mismo puede pasar con otros que comparten internet sin fines de lucro como es el caso de la Fábrica de Hielo “Gómez Guerra” en Colima, donde reciben hasta un máximo de diez niños y les proporcionan además de internet, cubrebocas si no tienen, gel antibacterial y les prestan teléfonos celulares y/o computadoras, es una acción noble, de buenas intenciones, de ayuda solidaria y que está siendo replicada por otros negocios o familias, lo que me parece bien, siempre y cuando no se descuiden las rutinas que esta pandemia exige además del cubrebocas y el gel antibacterial, como son los estrictos filtros de control para el ingreso, asegurar la sana distancia de al menos un metro (aunque lo conveniente son dos) entre personas que pertenecen a distintas “burbujas”, lavado y/o desinfectado de superficies de contacto (en este caso: mesas, sillas, pantallas de computadora, de teléfonos, etc.), proveer lugar para lavarse las manos con jabón y brindar toallas de papel para el secado completo de las mismas porque no se pueden compartir toallas de tela.

Es decir, no es solo cuestión de “regalar” internet, se implican muchos protocolos más, que de no seguirse puede resultar en algún momento más cara la buena intención que los beneficios que con ella se pudieran conseguir. Las escuelas por eso están cerradas, porque ante todo se busca que cada niño se quede en su “burbuja”, es decir en el grupo familiar cerrado y reducido con quien vive su día a día, para que no se mueva de una “burbuja” a otra, se busca parar el efecto “dominó” ese de cuando hacemos hileras con las piezas del dominó y pegamos a una pieza para derrumbarla y esta pieza toca a la otra y la derrumba y la otra a la siguiente y todas quedan derrumbadas.

Las escuelas están cerradas porque se quiere que los niños permanezcan en casa, que no sean agentes de infección, que no lleven y que no traigan posibilidades de contagio, se busca mantenerlos sanos.

Y si no tienen internet, pues se avisa al maestro o a la escuela; y si no tienen tele, pues se avisa al maestro o a la escuela; y si no pueden imprimir material, pues se avisa al maestro o a la escuela, para juntos (padres-escuela) buscar o proponer alternativas.

No es tiempo de juzgar diciendo que “para la coca cola sí tienen” o que “para el Facebook sí tienen”. Simplemente no es tiempo de juzgar, es tiempo de prevenir lo más que podamos porque la curva de contagio, como sabemos, no ha podido ser controlada.