“¡No hemos llegado hasta el final…!”

Por Pável Gerardo Alejo López

Al escuchar los orígenes de una nueva cepa de coronavirus llamada Covid-19 en una lejana provincia de China, lo primero que provocaba entre mis compañeros eran bromas al respecto. Así, frases como: “¡Nunca creía que nuestra muerte también fuera made in china!”, no provocaban más que risas a todos, excepto entre mis compañeros chinos. Es curioso como para todos, ese evento perdió su carisma paulatinamente. Las voces en mi escuela pasaron de: “Algún día contaré a mis hijos la historia de cómo un chino, comiendo un murciélago en Wuhan, causó una escasez de papel higiénico en mi país” a un “¡Cerraron las fronteras!”, “¡Estamos en cuarentena parcial!” y “¡Ha muerto la madre de Daniele!”, nuestro profesor italiano de química.

Llegué a Alemania el 24 de agosto de 2018 para estudiar la preparatoria en la UWC (Colegios Unidos del Mundo, por sus siglas en inglés) “Robert Bosch” College, en Friburgo, con la esperanza de lograr una beca en una prestigiosa universidad de nivel internacional. Lo más difícil en los casi 2 años que llevo en este lugar no fue la responsabilidad de llenar el abismo educativo entre los países de primer mundo y México; no fue decirle adiós a mi hogar, idioma, comida, clima y familia con solamente 17 años. Lo más complicado es ver a mi país enfrentando de manera tan mediocre una pandemia que tuvo el potencial para diezmar a potencias como China, Italia o Alemania. Saber que mientras estoy viviendo en un país donde mi escuela me ofrece un sistema de salud privado y de calidad mundial, millones en México deben preparase para condiciones sanitarias muy hostiles.

Pero, ¿cómo se vive esto en un país como Alemania? Tenemos que recordar que esta nación se encuentra entre los 4 países con más contagios en el mundo. Al tener al sur una frontera con Italia y ante el incremento tan drástico de casos en ese país, como también sucede con Francia, los 16 estados federados alemanes tomaron ciertas decisiones. Con la primera sospecha de la presencia del virus en Friburgo, donde se ubica la escuela a la que asisto, se cerró una fábrica donde laboran más de 200 trabajadores. Ese hecho sorprendió a la comunidad en general y encendió las alarmas en mi colegio, cuyo énfasis en diversidad internacional hace que en un cuerpo estudiantil de sólo 200 estudiantes haya más de 100 nacionalidades distintas. A los pocos días, el Estado dio la orden de suspender las clases hasta el 18 de abril. Al mismo tiempo, rápidamente nos informamos que cómo los colegios de la UWC en 17 países iban cerrando. Primero fueron los colegios ubicados en China, luego el de Italia, le siguieron Japón e India. Con permiso de la escuela, muchos de mis compañeros comenzaron a retornar a sus países de origen y por ello las dudas incrementaban más.

En ese punto se nos informó que entraríamos en cuarentena como colegio para extremar precauciones, manteniendo nuestras clases de manera no presencial, es decir, tomaríamos las materias en línea.

Ante esto, la mayor parte de los estudiantes vaciaron el supermercado más cercano para tener “provisiones considerables” para el mes que nos esperaba dentro del colegio. Las autoridades del colegio nos informaron las condiciones e instrucciones que debemos seguir para cumplir ante el Gobierno alemán y continuar operando como colegio UWC. La United World Colleges o Colegios Unidos del Mundo es una asociación internacional para operar preparatorias donde se preparen académicamente personas de todo el mundo, con todo tipo de culturas, tradiciones y costumbres. Desde Italia, Colombia y Canadá hasta las Islas Marshall, el reino de Eswatini o las islas Fiji, tenemos alumnos con cientos de culturas que convergen en un lugar que ofrece una educación única en el mundo, donde la tolerancia y respeto imperan en nuestras discusiones.

Muchos de nuestros compañeros se han ido, les tuvimos que decir adiós a nuestros mejores amigos para probablemente no volverlos a ver en un muy largo tiempo. El colegio continúa cerrado y cada día implementando más restricciones a todo el que reside aquí. La ciudad está desierta, respetando la cuarentena que impone el Gobierno alemán. Cada día, mis compañeros pierden la oportunidad de ir a casa porque sus países cierran fronteras. El ánimo está por el suelo, la confusión y preocupación por nuestras familias no nos abandona un solo segundo.

Sin embargo, ¿qué nos hace levantarnos a trabajar aún si no hay clases y estudiar si no hay exámenes?, ¿qué nos regala esperanza para que no nos consuma la tristeza? La respuesta es probablemente el inmenso sentido de comunidad que existe entre nosotros. Recientemente tomé la decisión de no ir a casa con todo el dolor de mi corazón, porque sé que es la decisión correcta, evitando riesgos innecesarios no sólo para mis familiares, sino para mi país.

Acá todos estamos juntos para hacer frente a situación y sabemos que únicamente así se pueden soportar las condiciones a las que se nos obliga a vivir en estos días. Todos tomamos nuestra parte tanto en prevención como apoyo y nadie se queda solo.

Me duele ver a México tan vulnerable, pero somos los mismos que se levantaron en 1985; los que “sus armas nacionales se cubrieron de gloria”; los mismos que rompen barreras a nivel internacional en todo tipo de disciplinas; los que la lucharon y la lograron.

Temo por México, pero nosotros no “imaginamos cosas chingonas”, nosotros las hacemos. Así que mientras aún viva en Alemania, confiaré en que los mexicanos saldrán adelante, porque al final todo estará bien, y si no lo está, es que no hemos llegado hasta el final.

*Alumno del “Robert Bosch” College de Friburgo, Alemania, y estudiante del Bachillerato 20 de la Universidad de Colima.